
DONDE RESPIRA LA TIERRA
Manuel Limay
La tierra respira.
En la practica de Manuel Limay, la chacra no se representa solamente: Se activa. su trabajo traslada al espacio expositivo procesos propios de la chacra donde la imagen, mas que fijarse, es cultivada.
Las papas germinan en la oscuridad, sosteniéndose de su propia materia. Sobre su pulpa, la luz actua como agente, inscribiendo rostros que buscan acompañar durante el tiempo que viva la materia. No desean permanecer.
La obra se sitúa en medio de la inestabilidad. La tierra se humedece se compacta, se desplaza.
Los elementos se afectan entre sí, configurando un sistema donde el cambio no es meramente un resultado, sino una condición de posibilidad
Durante mucho tiempo, la tierra ha sido separada del cuerpo. Este trabajo persigue reducir esa distancia.
En un presente sostenido por la producción constante estos procesos introducen otra temporalidad. La pausa, la latencia, el desgaste no aparecen como interrupción: son propios de la continuidad.
La obra, en ese sentido, no se presenta como objeto, sino como organismo y como evento. Un evento orgánico donde la materia germina, se transforma, se descompone. Donde algunas formas permanecen y otras desaparecen.
En ese tránsito, resuena una memoria aún más antigua: cuerpos ofrecidos a la tierra en momentos de crisis, como en los rituales de la Capacocha. Algo de ese gesto persiste.
La obra no se estabiliza.
Respira.
Se transforma.
Permanece en proceso.
Gabriela Pinto
Curadora







